Cuando vemos los conciertos, encontramos que es lo más entretenido del mundo, las luces, los colores, el escenario y sobre todo, los artistas.

Ese ha sido mi mundo por más de 20 años y es el que más me ha apasionado. He ganado unas amistades entrañables que son familia y llenan el alma; me ha enseñado que el ego mal trabajado es a veces infranqueable… Pero en todos los casos, he aprendido.

Ponerse en un sitio neutral, no personal y protegido emocionalmente es mi mayor aprendizaje.

Dar la vida por el trabajo, hacer lo mejor para sostenerlo, mientras vas aprendiendo a sobrevivir,no hay temas personales, solo eficiencia… Al momento del balance, la rueda sigue corriendo y uno queda en el camino. A nadie le importa, porque el show debe continuar. Y se entiende.

Es una industria fría tal vez, pero nadie pide que uno dé más. Ahí está el punto.

El equilibrio lo pones tú, siempre siendo profesional, pero al mismo tiempo, responsable contigo misma. El tema es darse cuenta a tiempo dónde estás poniendo la energía vital.

Yo me di cuenta después de muchas advertencias. El cáncer llegó a tocar la alarma de la última vida disponible (como buena gatuna). Ahí recién frené.

Puse en práctica cada una de las técnicas que tenía aprendidas y guardadas, era el gran examen. Pude comprobar que la mente es la clave de todo, que uno puede usarla a favor; que la respiración es una herramienta que se educa y que sirve para sobrellevar todo momento… También a poner el cortisol en su justa medida.